MiFID II: el impacto de la tasa Tobin en la rentabilidad de los fondos

El Gobierno cerró la semana pasada un pacto presupuestario con Unidos Podemos en el que se incluye la creación de un impuesto sobre las Transacciones Financieras, que consiste en gravar con un 0,2% las operaciones de compra de acciones españolas ejecutadas por operadores del sector financiero.

Esta tasa es exclusiva para las empresas cotizadas con más de 1.000 millones de euros de capitalización, y no se aplicará ni a la deuda ni a los derivados. Por otro lado, no gravará la compra de acciones de pymes y empresas no cotizadas.

Bolsas y Mercados Españoles (BME) ha advertido que “el impuesto a las Transacciones Financieras podría suponer una amenaza para la estructura financiera de las principales compañías españolas, pilar fundamental de la competitividad exterior de la economía”, según adelantó Invertia la semana pasada.

Además, desde BME también han tachado la medida de “negativa y poco oportuna” y alertan de que en países cercanos “los importes recaudados son significativamente inferiores a los proyectados” y que lo que han conseguido es introducir “distorsiones en los procesos de toma de decisión de inversiones”, según recoge El Economista.

A pesar de que la tasa Tobin, así como el resto de las medidas, pueda afectar negativamente al inversor, las herramientas para cumplir la mejor ejecución de MiFID II podrían ayudar mejorar el ahorro. Por otro lado, de acuerdo con cálculos del sector, “un gravamen de estas características restaría rentabilidad a los fondos de inversión y a los planes de pensiones”, según señalaba esta semana un artículo de El Nuevo Lunes.

Este impuesto no lo pagarían las entidades, sino los ahorradores pequeños y medianos a través de los productos de inversión colectiva”, afirma Inverco. Su presidente, Ángel Martínez – Aldama, calcula que esta tasa Tobin supondría un impacto del 7% en la rentabilidad de los fondos, en un plazo de 25 años. En el caso de los planes de pensiones, la reducción sería del 6%.

El esbozo de esta tasa, conocida a nivel internacional como la tasa Tobin, se realizó en la Comisión Europea en 2014, año en el que el Partido Popular se planteó imponerla en la reforma fiscal. En ese año, una decena de países de la Unión Europea confluyeron en un impuesto en el que se planteó gravar con un 0,1% la compra de acciones y con un 0,01% la de derivados. Cuatro años más tarde, esta propuesta no se ha materializado en la gran mayoría de países, aunque sí disponen de tasa Italia (0,2%) y Francia (0,3%).

Acceso al artículo completo de Invertia 

Acceso al artículo completo de El Economista

Acceso al artículo completo de El Nuevo Lunes